top of page

Cuando la terapia se convierte en resistencia

Cristina Surroca
23 sept
3 min de lectura

A veces me encuentro en terapia con personas que llegan con años de terapia a sus espaldas, conocen el vocabulario, saben nombrar sus patrones, pueden explicar su infancia con precisión clínica... y sin embargo nada cambia. "Ya lo he probado todo", dicen. "Ya sé todo esto." Y tienen razón, lo saben. El problema es que saberlo no les ha servido de nada.


No es simple resistencia al cambio, es algo más sutil: una resistencia que se ha camuflado dentro del propio lenguaje del cambio.

Cuando alguien ha pasado por varios procesos terapéuticos sin resultados sostenidos, es fácil pensar que las terapias anteriores fallaron. Pero muchas veces ocurre algo distinto: la persona ha aprendido a hablar de su malestar pero no lo siente. El conocimiento intelectual funciona como una capa protectora, una manera de estar en la sesión sin exponerse realmente a lo que duele.


Esto no es manipulación ni mala fe, es, en la mayoría de los casos, una estrategia de supervivencia que en algún momento tuvo sentido: en un entorno donde sentir era peligroso o inútil, entender se volvió la única forma segura de relacionarse con el propio dolor. El problema es que esa estrategia, que protegió en su día, ahora es exactamente lo que impide avanzar.


Detrás de esta capa intelectual suele haber, además, un miedo muy concreto: el de ceder el control. Sentir de verdad implica no saber de antemano qué va a pasar, dejarse llevar por algo que no se puede anticipar ni gestionar desde la razón. Para alguien que ha aprendido a mantenerse a salvo entendiéndolo todo, soltar ese control —aunque sea por un momento, en una sesión— puede vivirse como un riesgo mayor que seguir igual. Permanecer en el terreno del análisis, donde todo se explica y nada se siente, es también una forma de seguir al mando.


Cuando un paciente me dice que ya ha probado esa técnica, esa mirada, ese enfoque, procuro no caer en el impulso de convencerlo de que esta vez será diferente. Ese impulso, tan comprensible cuando quieres ayudar, suele esconder una trampa: cada propuesta nueva se convierte en otra oportunidad para que la persona demuestre, una vez más, que nada funciona. Y sin darnos cuenta, terapeuta y paciente entramos en un baile conocido, donde uno ofrece y el otro descarta, confirmando ambos la hipótesis de partida.


Lo que de verdad ayuda, paradójicamente, no es ofrecer algo nuevo, sino detenerse en lo que ya se probó. No para valorar si la técnica era buena o mala, sino para explorar cómo se vivió por dentro. Ahí suele aparecer información valiosa: quizá el trabajo fue cognitivo cuando lo que hacía falta era vivencial. Quizá hubo comprensión sin vínculo. Quizá cada intento terminó reforzando la idea de "no hay nada que hacer conmigo", que es muy distinto de "esta técnica no funcionó".


Detrás de "nada funciona" casi siempre hay una historia de intentos reales. Personas que han puesto voluntad y esfuerzo en un proceso, han hecho su parte, han mejorado durante un tiempo... y después han vuelto a caer. Con el tiempo, dejan de confiar en que el propio esfuerzo sea útil.


Por eso, antes de proponer cualquier técnica nueva, ayuda nombrar esto en voz alta, con calidez y sin prisa: reconocer que se ha intentado mucho, que el cansancio es legítimo, y que no se trata de convencer a nadie de que esta vez sí. Esa validación, suele ser lo primero que realmente hace el proceso diferente a los anteriores.


En cuanto a las personas que dicen "ya me lo sé todo", esta frase no es el enemigo a vencer, sino una parte que ha cumplido una función y que merece ser escuchada como tal. Preguntarle, en lugar de sortearla: ¿de qué te protege no sentir esto? ¿Qué pasaría si esta vez sí funcionara? A veces la resistencia no se disuelve cuando se combate, sino cuando finalmente alguien reconoce para qué servía.

Al final, el cambio no llega cuando sabemos más cosas sobre nosotros mismos, sino cuando algo se vive de una manera distinta a como se vivió antes. Y eso, casi nunca, se consigue explicando mejor.

 
 
 

Comentarios


​© 2021 by Cristina Surroca

  All rights reserved.

  • Instagram
  • @cambiaresquemas

Términos y Condiciones

bottom of page